EL DILEMA DOLOROSO

Octubre 2012

Parte trasera con título / Recorrido por su funcionamiento / Detalle y otros textos.

Algunos bocetos y pruebas de color / Recompensa para curiosos / Precursor honorable.

La vida del creador independiente te lleva muchas veces a rutinas raras que pueden ser destructivas o al final útiles para sacar algo bueno. Después de varios meses de despertar invariablemente y sin desearlo a las 4am para pensar, estirar y acortar ideas (varias veces absurdas), al fin decidí ilustrar a un ser atormentado por una fuerte ansiedad y pensamientos que no le permiten tener la cabeza en paz: no de día, ni de noche.

Otro dato importante, es que busqué hacer del concepto un círculo para enfatizar la idea de que jamás termina el asunto; no se llega a conclusión alguna, sin importar qué, y lo único que puede distraerte de ese proceso redundante, es caer por fin dormido o la necesidad de estar alerta que exige la vigilia: salir a la calle y cuidarte del entorno para poder continuar con lo demás sin contratiempos.

Me sorprende cómo éste tipo de conceptos y objetos casi llegan a existir por sí mismos, sólo hay que dejar que sucedan. El detonante es la angustia como experiencia personal y quizá como mal generalizado de la condición humana;

Después vas a una tienda, compras unos aretes e insisten en meterlos en una caja, quizá para hacer evidente que estas comprando algo "nuevo", "intacto" y "virginal". Cualquiera esperaría que al abrir la caja y sacar el producto, uno se sintiera el digno poseedor de algo reluciente; pero para mí, últimamente, es una carga innecesaria ese envoltorio extra.

Estoy consciente de que la basura no desaparece sólo porque la dejo de ver cuando me deshago de ella; va a un lugar donde ocupa espacio y ahí comienza un proceso de reintegración cuya razón de ser es el acentuar una ilusión bien pasajera y prescindible. Esta caja debía ser utilizada para algo más.

Respecto a los colores, estuve leyendo un libro increíble de Nicole Claveloux y decidí hacer algo psicodélico; aunque al final desistí cuando vi que el mecanismo más o menos sofisticado que tiene la pieza, podría competir innecesariamente con tanto color que se requería para lograr esa sensación que deseaba inicialmente. Por esos días de orfandad cromática me tope con una cinta de medir, instrumento cotidiano para mí. Esta cinta estuvo en casa de mis padres desde que recuerdo y tiene colores modestos, pero muy bonitos. Cualquiera la confundiría con algo maltratado y viejo, pero a mí me gusta mucho usarla, verla, enrollarla de mayor a menor y olerla. Es de los objetos que conservan la esencia de mi niñez.

Son pocos colores, muy útil para que no resulte competencia al mecanismo del mono y para rendirle un homenaje al pasado, eso me encanta y espero seguir encontrando excusas para hacer muchos más de esos homenajes.

El resultado de ese proceso escuetamente explicado, es este mono que les presento aquí y que sufre de un dilema persistente que comienza ya a doler. Me pasa seguido y apuesto a que me pasará varias veces más en la vida, al igual seguro, que a buena parte de la humanidad.